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Inteligencia Artificial como catalizador de las Áreas Metropolitanas

  • María Lorena Carballo
  • 3 ago
  • 3 min de lectura

A nadie se le escapa hoy en pleno siglo XXI que la Inteligencia Artificial constituye el escalón más actual y disruptivo de la revolución tecnológica.

No solo porque vino a transformar cada aspecto de nuestras vidas – desde seleccionar una película hasta la forma en que buscamos información o, incluso, la producimos – sino también porque trajo consigo una serie (bastante abundante y profunda) de interrogantes que, medio globo terráqueo intenta responder o al menos reflexionar.

Algunas de ellas:


  • De impacto socio-ético/humano: ¿Cómo será la sociedad de los próximos 30 años? ¿Hasta qué punto evolucionará la inteligencia artificial (IA)? ¿Qué lugar ocupará la humanidad en esa evolución? ¿Cuánta libertad y capacidad de discernir sin estímulos ajenos tendrá la humanidad? ¿Sabrá o podrá darse cuenta si está siendo manipulada?

  • De impacto en la arquitectura del Estado: ¿Habrá algún consenso global o, al menos regional para poner reglas éticas claras en el uso de la IA? ¿Cómo la IA moldeará el Estado del futuro? ¿Puede la IA regenerar el Estado para ponerlo en el siglo XXII y si lo hace, Cómo será esa transición, hacia qué Estado vamos, con qué capacidades?

 

Sobre algunas de estas preguntas reflexiona el último libro de Maximiliano Campos Ríos[1]. En rigor de verdad, su trabajo anterior ya abría la puerta hacia la idea de un Estado inmersivo, como paso superador del Estado inteligente: un Estado con capacidades adaptativas y de innovación, con una burocracia entrenada constantemente no solo en aspectos duros o procedimentales (al estilo weberiano), sino, y por sobre todo, en habilidades blandas de liderazgo, conducción y comunicación (entre personas, sistemas, datos y normas). La ecuación termina siendo directamente proporcional: a mayor conectividad digital, mayor conectividad emocional, humana y de conducción se requerirá.

 

Este nuevo Estado Inmersivo y Adaptativo, se presenta como una oportunidad para refundar el contrato social y repensar las agendas públicas según las necesidades vertiginosas que las sociedades actuales van teniendo.

 

Y es, al mismo tiempo, una oportunidad histórica para repensar las instituciones en clave metropolitana. Las dinámicas urbanas no entienden de límites administrativos; los desafíos de movilidad, medioambiente y servicios exceden las fronteras locales. Es allí donde las tensiones de la gobernanza metropolitana se cruzan de lleno con los desafíos tecnológicos (gobernanza y soberanía de datos) y éticos.

 

¿Cómo lograr que el Estado esté presente en la vida cotidiana para potenciar y acompañar a las personas sin entorpecerlas ni reprimirlas?  Que esa presencia sea tan inmersiva que fluya casi sin notarse, pero al mismo tiempo tan transparente que ponga en valor lo público y al Estado.

 

En este sentido, el Circulo de la Gobernanza Metropolitana (CIGAM)[2] plantea 5 ejes estratégicos para abordar los desafíos de la gobernanza y la institucionalidad del Estado:

 

  1. Institucionalización progresiva: transicionar de acuerdos formales a entes e instituciones sólidas, superando la fragmentación y superposición de competencias donde se juega la verdadera capacidad estatal.

  2. Gobernanza policéntrica y multinivel: construcción de redes colaborativas, pilar clave en la próxima etapa del Estado.

  3. Soberanía y sistematización de datos: fundamental para enmarcar la era inmersiva y tomar decisiones basadas en evidencia.

  4. Planificación estratégica del suelo: instrumento central para lograr un crecimiento y desarrollo sustentable y sostenible.

  5. Mecanismos de participación ciudadana: primordiales para reconstruir la confianza y el contrato social entre la ciudadanía y los territorios reales.

 

En definitiva, la IA no vendrá a resolver las históricas tensiones de la fragmentación metropolitana. Funciona, más bien, como un espejo y un catalizador: acelera tanto las fallas de la descoordinación como las virtudes de la integración. 

El verdadero desafío del Estado Inmersivo no es puramente tecnológico, sino político: se trata de construir la voluntad política, las capacidades burocráticas y los consensos necesarios para gobernar, finalmente, la complejidad del territorio real.




[1] Campos Ríos, M. “Inteligencia Artificial y Políticas Públicas en América Latina y el Caribe”. CLAD, 2025.

[2] Augugliario, C., Bertón, A., Carballo, M.L, Fernández Arjona, G. y Grimoldi, C. “Argentina Metropolitana. Antecedentes y Desafíos hacia una gobernanza regional”. Ciudadanía Metropolitana, 2026.

 
 
 

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